12 enero 2019

La triste realidad

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Sinceramente, me llamó la atención y me puse manos a la obra.

No lleva todos los tipos de ''se'', pero lo importante es intentarlo.


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· Parte 1: Narrador omnisciente

Se había levantado pronto, sobre las siete y media de la mañana, no le importaba la hora ya que siempre que se despertaba era, todos los días, entre las siete y las ocho, cuando el sol aún amenazaba por salir y así poder fundirse con un cielo repleto de diferentes tonalidades de colores.
Le había costado despertarse: había pasado la noche en vela por culpa de sus vecinos, que no pararon de de gritar y. al fin, tras oír un disparo y el aullido de lo que parecía ser un perro, la paz pudo reinar por fin; sin tener en cuenta los ladridos de fondo de los demás animales caninos.
Dejó la cama sin hacer, <<Ya la haré luego, ¿qué más da ahora o más tarde?>>, se lo repetía diariamente para no tener que hacer esfuerzo alguno tan temprano. Se dirigió, tambaleando por el sueño mientras se frotaba cuidadosamente los ojos, hacia el baño para una vez allí poder deshacer los fuertes nudos de su larga cabellera. No lograba entender como más de mil células muertas agrupadas y en su cabeza podían dar tantos problemas.

Siempre se miraba en el espejo mientras se cepillaba el pelo. Siempre se preguntaba como había acabado así. Tanto en el colegio como en el instituto como en la universidad sacaba unas buenas calificaciones, no eran muy dignas de matrícula de honor, pero eran buenas. Suyas y sin trampas, no como hacían sus antiguos compañeros. Simplemente suyas. Y eso la hacía sentir orgullosa de sí misma. Lo único que la hacía sentir así.

- Mmm...listo.

No lo dijo muy convencida, pero no importaba mucho: para ir a desayunar le servía.
Caminó hasta la cocina y una vez dentro cogió una taza: su favorita, la que le había regalado su madre antes de irse de casa para comenzar lo que sería su nueva vida.
Era de un azul oscuro, al igual que sus profundos ojos color cielo nocturno, y con unos puntitos amarillos simulando unas estrellas; todo ello formaba el compendio de una bonita noche estrellada. Sin duda, una taza hermosa, al igual que su dueña.
Puso café dentro de la pieza de cerámica anteriormente mencionada y deslizándose por la cocina se sentó en la única silla del lugar; ésta se hallaba al lado de la mesa central.
Nada más depositar su delicado cuerpo sobre el asiento, un gran sentimiento de tristeza y melancolía la inundó cual barco en una tormenta en mitad de un mar potentemente embravecido sin futuro alguno: había visto una nota. La nota.
Escrita en cursiva y en una letra digna de mérito. Escrita para cualquiera que entrara por curiosidad en su apartamento. Escrita con lágrimas y dolor. Escrita para seguramente nunca destinada a ser leída.

- ¡Miau~!

La chica se sorprendió por la repentina aparición de su querido gato acompañado de un maullido, sacándola por unos segundos de su mente. No pudo evitar sonreír mientras unas lágrimas se deslizaban por su cara al recordar otra vez el propósito de aquel trozo de papel. Sonreía para ocultar su gran dolor ante su peluda mascota.

- Siento... siento haberte involucrado en... todo esto...- susurró abrazando a su minino. Su sonrisa había desaparecido -... espero que puedas perdonarme algún día...

Lo abrazaba realmente fuerte, teniendo cuidado de no lastimar el delicado y suave cuerpo del animal. El gato estaba confuso por la situación, pero era un abrazo y claro: acabó correspondiendo feliz a la bonita muestra de afecto de su querida dueña.



•   •   •


Las cosas se torcieron.


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· Parte 2: Narra el gato

Tengo hambre. Tengo sed. Necesito cariño y mimos. Necesito a mi dueña.
Estoy seguro de que la vi entrar hace  creo que un día en su habitación; espero que salga pronto. Maúllo pero creo que no me escucha y mis arañazos hacia la puerta no le importan. Seguro que está con esa especie de ventana luminosa que desprende luz otra vez.
Sigo delante de la puerta cerrada de su habitación y se me duermen las patitas al estar tanto tiempo quieto... y sin quedarme dormido.
¡Iré a la cocina a hacer tiempo y a ver si hay algo para comer y beber!
Mmm... no veo nada... pero hay una cucaracha que está patitas arriba, ¿querrá, como yo, cosquillas y caricias en la tripa?

- ¿Miau?

Que raro, no se mueve... estará durmiendo, la dejaré descansar. Que duerma bien, señora cucaracha, espero que pueda soñar con algo bonito.
¿Miraré encima de la mesa? Ayer no pude subir... ¡pero hoy seguro que lo conseguiré!
A ver... me subiré a la silla... yo... puedo... ¡yo... puedo...!

- ¡Miau!

¡Sí, lo conseguí, estoy en la silla!
¡Siguiente destino: la mesa!
¡No!
¡Me voy a caer!
¡¡Ayuda, Marie!!

- ¡M-miau...!

. . .
Uff... eso estuvo realmente cerca... ¡soy un gatito con suerte!
Bueno, no mucha... creo.
¡Oh, un trozo de papel! Tiene muchas líneas muy raras pintadas... es raro.
''Ñeh''.
Bueno, ya que no hay nada de comer aquí iré a ver si la puerta ya está abierta por fin.
¡Abrazaré a Marie con todas mis fuerzas gatunas!

- ¡Miau, miau! (¡Marie, estoy aquí!)

Creo que me hice daño en una de mis patitas... bajar saltando de la mesa como si nada no es bueno.
Oh... no está abierta, ¡''jo''!

- ¡Miau, miau! ¡¡Miau!! (¡Abre la puerta, porfavor! ¡¡Marie!!)

Gritarle no funciona... ¿y si..? No, arañar otra vez la puerta tampoco.

- ¿Miau?

Hay una especie de puertecita gris y fría con rayas... no, son agujeros largos.
¡Podría intentar entrar a la habitación desde aquí!
¿Cómo no me había dado cuenta antes? Ay... gato tonto.

- Purrrrrrrr~...

Hay unos círculos pequeñitos que no me dejan abrirla... igual si los muerdo... no, no llego y me hago daño. Mmm... puedo utilizar mis uñas, espero que no se me rompan... dolería mucho... como aquella vez que se me rompió una cuando estaba rasgando el sofá mientras Marie me regañaba.
Uno de los círculos de abajo estaba un poco suelto, ¡bien! Ahora... el otro.
.  .  .

- Miau...

Cuesta un poco... me duele la pata... descansaré un poco...

.  .  .


- Mi...au

¿Cuánto tiempo he dormido? Bueno, no importa... ¡en marcha!

- Miau... miau... (A ver... esto era así...)

Casi... casi... ¡Ya!
¡Sí, lo conseguí!
Ay... mi uña... duele... Al final me la he roto, que mala suerte tengo...
¡Estupendo! No puedo abrirla. Tengo que quitar, por lo menos, otro... pero no puedo... mi...

- ¡¡Miau!! (-es un maullido-grito de ira-)

Me meteré por ahí, ¡''cueste lo que cueste''!, como decía Marie a veces.
¡Ay, ay, ay...! E-estoy dentro... bien...
Hace frío y está oscuro... tengo miedo...
Al correr suena un ruido muy fuerte, ¿seré yo?

- ¡¡Miau!!

Me he caído... eso me pasa por correr, soy muy torpe... lo olvidé.
.  .  .

- ¿Miau?

El... el suelo es... suave...y...¡y blandito...!
¡Lo logré, entré!

- ¡Miau, miau, miau! (¡Marie, estoy aquí, lo conseguí!)

¡Oh, está durmiendo! Tiene los ojos cerrados y parece no tener más pesadillas, ¡ha logrado soñar!
Voy a subir con cuidado... ay, la pata y la uña, cierto... con más cuidado.

- ¡Miau! (¡Marie!)

En la cama hay un bote vacío, no sé qué es pero de un zarpazo al suelo que va.

- ¡Miau, miau! (¡Marie, despierta!)

¿Cuántas veces tengo que cabecear al lado tuya?
¿Mmm? Estás muy pálida... ¿estás enferma? Perdón si te molesto, Marie, no lo sabía...
Me quedaré aquí, esperando a que despiertes.
Me quedaré aquí, a tu lado.
Me quedaré aquí.

- Miau, miau... miau (Dulces sueños, Marie...te quiero)



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· Parte 3: El contenido de la nota

<< No sé quién eres, pero si estás leyendo esto te lo agradezco; debo de parecerte lo suficientemente importante como para que te tomes la molestia de leer este papel.
Me esperaba un final más feliz en mi historia, pero el destino es cruel y siempre intentará lastimarte por donde más duele, te lo digo por experiencia propia. Así que: CRÉEME. O no lo hagas, es decisión tuya y no mía.
Me gustaría que tú, la persona que está leyendo esto, cuidara de mi más preciado tesoro: mi gato, Lucky. Siempre estuvo ahí para levantarme el ánimo y ayudarme en los tiempos difíciles con su cariño gatuno... realmente amo a este minino.
Lo adopté cuando me iba de mudar a un apartamento cerca de mi antiguo trabajo, hace casi un mes.  Lucky acababa de nacer unas semanas atrás y ya me lo había llevado para darle todo mi amor y cariño.
Cuando perdí mi trabajo, mi adorable mascota me animaba de alguna forma; pero, con un gato y sin un oficio la cosa no podía acabar bien, y menos con el alquiler y demás. Como no tenía dinero para pagar el apartamento en el que vivíamos, ambos decidimos mudarnos a un sitio más barato: no encontré nada mejor a tan poco precio y acabamos en el barrio ''chungo'' de la ciudad. Era, es y será horrible: ladridos de perros, gritos de todos tipos, sonidos de disparos,... Eso no es vida, y si lo es... no lo parece, en serio.
Bueno, que no quiero hablar de mi penosa y supongo que triste vida, solo escribí esto por un solo y único motivo: quiero que tú cuides de Lucky, mi pequeño y peludito tesoro, por favor. Dale lo que yo no pude: un hogar, uno en buenas condiciones.
Te lo pido a ti porque yo no tuve el valor suficiente como para abandonarlo o devolverlo al Centro de Recogida de Animales, me dolía demasiado despedirme de él; así que, como una cobarde he optado por la razón más estúpida pero fácil. No abandonaría nunca a Lucky, nunca, es por eso que, si tenía que dejarlo ir, fuera de esta manera: que se lo llevara otra persona sin que me diera cuenta.
Todo esto me parte el corazón. Que conste que no he decidido este final por solo el propósito de darle una vida mejor a mi mascota, solo he dejado mi depresión y dolor libres...: mamá y papá ya no están... Dan me amargó la vida conspirando contra mí en el trabajo... Amanda me robaba mis cosas y me sacaba fotos en el trabajo, solo por el hecho de que creía que le iba a quitar su puesto en la empresa... nadie me contrataba... el barrio me volvía loca y me entristecía...
Lo único que me mantenía con vida era Lucky y yo se la estaba quitando a él inconscientemente poco a poco...

Cuídalo bien, por favor.

Y recuerda, para que no te pase como a mí que, aunque no lo parezca, la vida es más dura y cruel de lo que parece.>>








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Se había levantado ➝  Se pronominal
se despertaba ➝  Se pronominal
despertarse ➝  Se pronominal
se lo repetía ➝  ''Falso se''
Se dirigió ➝  Se pronominal
se frotaba ➝  Se reflexivo
se miraba ➝  Se reflexivo
se cepillaba ➝  Se reflexivo
se preguntaba ➝  Se reflexivo o pronominal
irse ➝  Se pronominal
deslizándose ➝  Se pronominal
se sentó ➝  Se pronominal
se hallaba ➝  Se pronominal
se sorprendió ➝  Se pronominal
se deslizaban ➝  Se pronominal
se torcieron ➝  Se pronominal
se me duermen ➝  ''Falso se''
se mueve ➝  Se pronominal
se lo llevara ➝  ''Falso se''

06 diciembre 2018

Diccionario Xpress

Felicidad: ¹ f. Estado de grata satisfacción espiritual y física. ² f. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. ³ f. Ausencia de inconvenientes o tropiezos. ⁴ Cuando te comes la última porción de pizza.

Diccionario Xpress

Triunfar: ¹ intr. Quedar victorioso. ² intr. En la Roma antigua, dicho del vencedor de los enemigos de la república: Entrar con gran pompa y acompañamiento. ³ intr. Tener éxito. ⁴ Cuando consigues tu más ansiado sueño con tu propio esfuerzo.

Diccionario Xpress

Literatura: ¹ f. Conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género. ² f. Conjunto de las obras que versan sobre una determinada materia. ³f. Conjunto de conocimientos sobre literatura. ⁴El arte de escribir tus emociones, pensamientos, lo que deseas transmitir al mundo,... buenas ideas hechas por ti mismo.

Diccionario Xpress

Yo: ¹Pron. person. 1.ª pers. m. y f. sing. Forma que, en nominativo, designa a la persona que habla o escribe. ²m. Fil. Sujeto humano en cuanto persona. ³m. Psicol. Parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio. ⁴Persona que se esfuerza por mejorar, creativa, incomprendida, diferente, única, con ganas de triunfar y que le presten la más mínima atención.

Cuando me mira

Cuando me mira, comienzo a respirar.
Cuando me mira, no puedo ni hablar.
Cuando me mira, no puedo reaccionar.
Cuando me mira,  comienzo a vivir.

Cuando me habla, solo escucho.
Cuando me habla, le miro.
Cuando me habla, me cuesta respirar.
Cuando me habla, huyo.

Cuando me ignora, lo agradezco.
Cuando me ignora, no lo soporto.
Cuando me ignora, me enfado.
Cuando me ignora, desaparezco.

Emojis

Hemos estado encerrados aquí, en esta especie de jaula, desde nuestro nacimiento.
Todo es monótono: primero nos despertamos, "trabajamos" y finalmente nos dormimos.
Nada cambia, es todos los días lo mismo, pues "Él" no nos deja salir ni vivir.
Él es gigante, él es poderoso, él es malvado, él no nos deja ser libres pues él nunca nos dejará en paz. Somos como simples juguetes para él, no nota que esto no nos gusta y que nos duele; no se da cuenta de nuestro sufrimiento.
Algún día, expiraremos y así, por fin, podremos tomar esa ansiada libertad que tanto ansiamos.

Las jaulas, al ser pequeñas y vacías, nos provocan sentimientos negativos, claustrofobia y en algunas ocasiones: la locura.
Un gas casi imperceptible provoca que cada uno tenga una determinada expresión mientras una especie de máquina color azabache nos da unas fuertes descargas eléctricas si nos negamos a este sistema. Esto sucede cuando el "aparato" está encendido u operativo, pero cuando esto no es así todos intentan en vano escapar o suicidarse... mis pobres amigos ingenuos... ¡nadie puede salir, nadie puede entrar!
La parte "buena" de todo esto es que cuando no está operativo, quitan las barreras que nos separan y nos dejan a nuestro aire, pero... ¿para qué? Es estúpido relacionarse con individuos como tu que se encuentran llorando, tirados en el suelo, reclamando su muerte, amargados, cortantes,... A esto no se le llama vida, no.

Algún día, con suerte, nuestros héroes llegarán... llegaron, pero él los mató, pero no al resto; nuestra única esperanza de vivir: los hackers. Vinieron pero él se las arregló para acabar con ellos... pero no con todos: solo vino un ejército a buscarnos... a salvarnos... a liberarnos.
Uno de los hackers logró escapar para buscar ayuda, pero... nunca volvió. Ni él ni nadie.
Supongo que este es nuestro destino.

Y yo aquí, escribiendo mientras Gato llora y Bailarina intenta ser positiva ante su hermana que intenta que Gata la mate de una vez... los demás solo lloran y hacen algo parecido, nada nuevo.
Oh, Él ha vuelto...un nuevo "día" comienza... adiós.

03 diciembre 2018

Cuando me lo contaron...



Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma,
¡y entonces comprendí por qué se llora!
¡y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor… con pena
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo…
Me hacía un gran favor… Le di las gracias.




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Había estado toda la mañana con un irremediable bloqueo creativo, no había podido escribir más poemas, no así. Era, en mi opinión, imposible.
Para poder remediarlo intenté numerosas veces un truco que siempre utilizo en este tipo de casos: leer El Contemporáneo, que casualmente es el periódico en el que escribo mis “famosas” leyendas y que supongo que leerán más personas de las que pienso; incluso, hace unas semanas, me llegó una carta de un tal José Ferreda elogiando una de mis obras: El monte de las ánimas, que, por alguna razón, esa persona me recuerda a mi padre, supongo que por el nombre.
Leer dicho periódico, de alguna manera hace que me centre en los interesantes artículos y así poder olvidar mi problema, es decir, el bloqueo. Pero hoy no funcionó. Algo que me extraña bastante es que haya leído cuatro veces el mismo párrafo y me sienta igual que cuando lo leí la primera o segunda vez; parece que no logro entender el artículo sobre la política, la verdad, este tema nunca me importó lo suficiente como para comprenderlo.
Dejando El Contemporáneo a un lado de la mesa de la cocina, terminé mi café, pues en mi opinión no hay nada como una buena taza de esa bebida para después de la comida, para después levantarme y dejar en el fregadero la pieza de porcelana de la que había bebido. Me dirigí al salón, sentándome en el sillón pude divisar uno de mis cuadernos y al lado una pluma dentro de un bote lleno de la espesa tinta de color oscura como la mismísima noche que había utilizado días antes para escribir un poema; mi cuerpo se inundó de completa melancolía: no podía escribir como antes, ¡el bloqueo no ha desaparecido!
De repente, una idea se me pasó por la mente cual rápida estrella fugaz aparece atravesando el delicado cielo nocturno hasta finalmente desaparecer. Esa idea era la posibilidad de ir al parque.


Un bonito lugar en el que es casi imposible no contactar con la naturaleza; con unos caminos por los que los niños corren levantando una polvareda con ese olor tan característico a tierra, unos preciosos bancos blancos con adornos de metal duro color azabache y en los que se pueden ver a diferentes personas sentadas en ellos, entre esos individuos se pueden ver a ancianos que dan migas de pan a las palomas, amables y risueñas señoritas que se quedan platicando con sus amigas admirando el paisaje, niños que se cansan de jugar a la rueda y demás, pero los que más destacan son los artistas. Ese precioso ambiente adornado con los cantos de las golondrinas, el suspiro de las nubes rozando las hojas de los árboles, las risas de niños y niñas al jugar es, sin duda alguna, algo único.

Me dirigí a mi dormitorio para coger una bolsa donde guardar el cuaderno y la pluma, objetos que después recogí y metí dentro de ésta al pasar por el salón; finalmente me planté enfrente del perchero de madera situado en el recibidor, justo al lado izquierdo de la puerta que comunica con el exterior, y así poder vestirme mi gabardina color gris oscuro cual piedra.
Al salir, una corriente fría golpeó mi cara congelándome y provocando algún que otro estornudo de mi parte; había recordado que era el mes de enero y que en esa época hay bajas temperaturas. Caminando me fijé en los abrigos de las personas que pasaban cerca de mí, la ropa dice mucho de ti mismo, tanto que incluso puedes adivinar la personalidad de alguien con solo ese pequeño detalle. Llegando ya a mi destino, un fuerte olor a pan recién hecho hizo frenara un poco mi paso, pues ese es un aroma tan dulce que todo individuo que pasara por ahí reaccionaría igual que yo; y estaba en lo cierto, una niñita quedó tan prendada del olor que arrastró a su pobre madre adentro de la panadería para que le comprara, aunque fuera, un pedazo de ese delicioso y barato manjar.

Entré en el parque, percatándome de que no había muchas personas ahí; hoy sería un día tranquilo. Localicé un banco vacío cerca de la fuente, me dirigía ahí cuando, de repente, escuché que una voz familiar llamaba por mí; me di la vuelta y pude ver que el sujeto que me llamaba era, ni más ni menos que mi buen amigo Augusto, Augusto Ferrán. Levanté mi mano para saludarlo y mirándolo desde la distancia, unas palabras acompañadas de mi mejor sonrisa salieron de mi boca:

-       - ¡Ferrán, cuánto tiempo! –dije- Que alegría volver a verte.

-      -  ¡Bécquer, Bécquer…  te…! –decía con voz agitada y entrecortada, pues había venido corriendo hacia mí. Ya en frente mía, intentaba recuperar el aliento.

-       -  Dios Santo, Ferrán, ni que te persiguieran –cuando acabé mi frase empecé a reír, pero mi amigo no dijo nada. Éste se había incorporado y me estaba dedicando una mirada realmente seria, al percatarme de esto mi expresión cambió a una más adecuada para el momento- ¿Pasa algo?

-       -  Bécquer… han robado uno de tus poemas –contestó.

-       -  ¿Q-qué?


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Me costó asimilarlo y del susto me había dejado caer bruscamente en el banco en el que me iba a sentar en un principio, Ferrán entendió mi situación diciéndome que él habría reaccionado como yo si esto le hubiera pasado a él.
Me contó lo sucedido, al parecer, mi amigo se encontraba tan asombrado como yo: Narciso Campillo, un buen compañero nuestro, había oído que un tal Jorge Lista había robado uno de mis poemas e iba a ir a la editorial de El Contemporáneo para que lo publicasen y así poder hacerse famoso; si le llegasen a pedir más, solo tenía que robarme otra vez.
Ese apellido se me hacía familiar… Lista…Lista…

-      -   ¡No puede ser…! –exclamé. Ferrán me miró confuso y decidí contarle mi hallazgo- Lista es el apellido de mi antiguo maestro sevillano… Alberto Lista.

-       -  Esto…-añadió-…no puede ser ninguna casualidad.

-       -  Lo sé, pero mi maestro no puede estar involucrado en esto, es un buen hombre como tú y como yo-contesté- él seguramente no es consciente de lo que está haciendo este familiar suyo.

-      -   Eso espero.

El silencio reinó durante por lo menos diez segundos hasta que decidí romperlo despertando la curiosidad de mi amigo, pues me había levantado de golpe y había comenzado a caminar hacia el camino por el que había venido.

-       -  ¡Hey! –exclamó mientras me seguía con un paso acelerado- ¿A dónde vas?

Cogí aire antes de responderle para así poder transmitirle correctamente como me sentía.

-       -  No puedo permitir que roben uno de mis poemas, es como si me quitaran una parte de mí mismo.

Dejó de seguirme, cuando ya comenzaba a alejarme y ya estaba a punto de salir del parque escuché que me deseaba buena suerte; sonreí a pesar de estar bastante furioso.
Antes de ir a por ese asqueroso ladrón, tendría que coger un arma. Sí, es cierto, es un poco extremo, pero nadie roba algo tan preciado para mí; además, no tengo pensado utilizarla, solo es para intimidarle y que así me devuelva lo que es mío.
Cogí la llave que se encontraba en mi bolsillo y abrí la puerta, entré corriendo en la casa sin cerrarla y dejé mi bolsa en el salón, acto seguido subí corriendo hasta mi dormitorio. Me dirigí a la mesilla de noche que tengo justo al lado de mi cama y cogí la única arma de fuego que se encontraba en esta morada. Era una Colt Navy de 1851 de calibre 36, con todas las balas en su interior y que espero que permanezcan ahí. La guardé en mi bolsillo derecho y salí como había llegado, es decir: corriendo, pero esta vez cerrando la puerta.
Decidí reducir la velocidad para pasar desapercibido y poner las manos en los bolsillos de mi gabardina para que no se notara la marca que hacía el arma; caminé sin rumbo, pues no sabía dónde podía estar o como era y me sentí bastante estúpido.
Mientras estaba perdido en mis pensamientos, una persona tocó mi hombro haciendo que me diera la vuelta, no sabía quién era, pero por la situación intuí quien podría ser.

-       -  ¿Necesita algo, señor? –pregunté para asegurarme.

-       -  Si…-contestó- sígame.

Me llevó agarrado del brazo hasta un callejón; cualquiera que no tuviera un arma estaría aterrado, pero como yo poseo una… no tengo nada que temer. 
Durante el tiempo en el que el silencio se apoderó de la situación, el individuo que me estaba agarrando se posicionó en frente de mí. Tuve el valor suficiente como para hablarle.

-       -  Y… ¿bien? –pregunté- ¿Qué quiere?

-       -  Todos tus poemas…-contestó con una voz áspera fingida- Con uno solo no me basta, no me creerían.

-       -  Jorge Lista… ¿no es así?  -él solo se limitó a reír.

-      -   Bien…-sonrió- Ya veo que me conoces…-de su bolsillo saca una navaja algo sucia, debería darle vergüenza…- …ahora, vamos a tu casa y me los das, y cuando publique tus obras iré constantemente a que me des más… ¿entendiste? –concluyó acercando la afilada hoja de su arma a mi cuello.

-       -  Yo…- me alejé un poco de él, provocando un choque entre la pared y mi cuerpo, Jorge me miró confundido mientras se acercaba- …yo… -cogí aire- ¡no puedo tomarte en serio con esa navaja tan sucia!

-       -  ¿Qué…? –preguntó.

-      -   A ver, hombre…mira –saqué mi Colt del bolsillo y se la enseñé, él retrocedió pensando que le iba a disparar, pero al ver que no iba a hacer lo que pensaba, me miró algo más tranquilo- ¿Ves? Yo me lo he trabajado: está limpia, cargada y brillante.

-       -  La verdad es que es un arma de fuego muy impresionante…

-       -  Si, lo es y comparada con…-miré su navaja- “eso”, no quedas muy bien.

-       -  Lo sé… es que la economía anda un poco mal y casi no me pagan…

-       -  Pues…lo siento, hombre –me fijo en que tiene una hoja en el bolsillo y se la quito sin que se dé cuenta- Esto nos afecta a todos.

-       -  Lo sé…-dijo apenado.

-       -  No a todos por igual, peeeeeeeeeeeero, al menos sirve para hablar y robar... creo que debería ser político, no creo que nadie note la diferencia entre usted y uno de esos individuos –le animo mientras le tomo del hombro- y, si me permite, me robó de una forma tan impresionante que no me di cuenta hasta que un buen amigo mío me lo dijo.

-       -  ¿E-enserio? –preguntó con esperanza, asentí- Me alegro…supongo…Siento haberle robado, señor Bécquer, solo quería ganar dinero y usted es un auténtico artista.

-       -  Pues…muchas gracias, me halaga usted…no lo dirá porque tengo un arma en mi mano, ¿verdad? –le apunto.

-       -  No…-aparta el cañón del arma con su navaja- y… supongo que podríamos ser amigos… ¿le parece?

-      -   ¿Qué? –pregunto mientras guardo mi arma en mi bolsillo- ¿ser amigo de una persona que me ha robado y ni siquiera se ha disculpado? –Jorge agachó la cabeza.

-       -  Perdóneme, señor Bécquer.- se disculpó- Tenga –metió la mano en su bolsillo- le devolveré su…-se percata de que está vacío y me mira-…poema…

-       -  Oh, eh…-me reí nervioso- es que lo tengo yo…es que estaba en el suelo y lo recogí.

-       -  Oh, bien. Pues ya está.

-      -   Bien… pues ya hablaremos otro día, ¿eh? Es que hoy estoy muy liado, tengo que escribir, ya sabe…

-      -   ¡Cierto! –me alejo lentamente- ¡Qué le vaya bien, siento las molestias!

-       -  No pasa nada, esto queda en el olvido, ¿si?

-       -  ¡Sí, señor Bécquer!

Me despedí con la mano de él y volví a mi hogar para después escribir un poema sobre lo que me pasó hoy. ¡No hay nada mejor que la inspiración!



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-      -   ¡¡Bécquer!! –gritó Jorge desde el exterior de la casa de Bécquer- ¿¡Está usted en casa!? ¡Me ha parecido ver algo moverse!

-       -  ¿Por qué no lo demanda? –preguntó Ferrán enfadado, pues él y su amigo estaban tumbados boca abajo en el suelo esperando a que Jorge se fuera de ahí- ¿o por qué no le dice que se vaya?

-      -   Cálmate, no pasa nada – contestó el escritor- Se irá pronto.

-      -   ¡Eso mismo dijo usted hace tres horas!

-       -  ¡¡Sssssshhhhh!! –mandó callar el poseedor de la casa a su amigo- ¿¡Quieres que nos oiga!? –gritó en voz baja.

-      -   Arg… -se quejó Ferrán apoyando su cabeza en el suelo.

26 noviembre 2018

RED’S LINE

 CAPÍTULO 1:
PRESENTACIÓN



-          - ¡Otra vez, Nina, otra vez! -la pequeña de cabellos claros animaba a su hermana a que volviera a hacer esa cosa tan especial, aplaudiendo y repitiendo esa frase varias veces.

-         -  ¡Pero, Nieves…! –se quejó la mayor- ¡Es la cuarta vez que me pides lo mismo!

-         -  Lo sé…pero… -se excusó- Me gusta ver como usas tu poder, es muy útil –la menor, de un salto, se bajó del tronco cortado de un árbol y empezó a dar saltitos y a sonreír- ¡Algún día tendré un poder como el tuyo y seré tan genial como tú!

Ante este acto su hermana empezó a sonreír también, pues el entusiasmo y positivismo de su pequeña hermanita la animaba, a pesar del mundo en el que se encontraban, no había ningún motivo para no estar feliz.

-        -  La última vez, ¿vale? Ya sabes que esto me cansa un poco –Nieves dejó de dar saltos y miró a su hermana asintiendo con determinación- Okey…allá vamos.

Nina cerró los ojos, extendiendo su brazo derecho hacia Nieves y concentrándose al máximo, puso su mente en blanco, hasta que de repente visualizó a su hermana a la perfección. Cuando abrió los ojos, pudo ver a la pequeña, flotando y riendo sin parar. Lo había conseguido, otra vez.

-        -  ¡Yupiiiiiiiiiiiiiiii! –gritaba- ¡Más alto, más alto!

-        -  Hehe… ¡tú lo has querido, hermana! –nada más acabar la frase, cerró otra vez sus ojos y comenzó a subir su brazo lentamente. Mientras escuchaba gritar de emoción a Nieves, recordó algo muy importante. Bajó el brazo rápidamente, haciendo que su querida hermanita cayera al suelo, provocando un dolor en sus rodillas.

-         -  ¡Hey, me has tirado! –refunfuñó- ¡No es ju-

No pudo acabar la frase, ya que Nina le había tapado la boca mientras la mandaba callar. Cogió en brazos a Nieves y corrió a esconderse con ella detrás de unos arbustos. Desde ahí, la mayor pudo ver como dos hombres bajos, peludos y con sobrepeso se acercaban a donde se encontraban ellas anteriormente; pudo ver que éstos portaban dos grandes armas de fuego.

-         -  Mierda…-susurró Nina.

-         -  Malhablada –dijo Nieves en el mismo tono que su hermana mientras se cruzaba de brazos.

 - Juraría que había escuchado a una niña gritar… -uno de esos dos hombres fue el que pronunció esas palabras que consiguieron helar la sangre de la mayor poniéndola en alerta.

-          - Deben de estar cerca…

Empezaron a buscar por los alrededores; cada vez que esos dos se acercaban al “escondite” de las hermanas, la pequeña Nieves comenzaba a temblar, abrazando fuertemente a Nina como si su vida dependiera de ello.
Ninguna se quería imaginar lo que les harían si las capturasen, aunque una de las dos sabía exactamente lo que llegaría a pasar si eso fuera posible; digamos que…les pasaría algo horrible, peor que la muerte misma…bueno, eso era lo que pensaba Nina.

-         -  T-tengo miedo… -decía la pequeña casi a punto de llorar.

-          - No pasa nada, Nieves… -la consolaba- Ya sabes que puedo hacer esto.

Cerró los ojos rápidamente y dirigió sus dos brazos hacia los dos hombres para después hacerlos flotar y  lanzarlos a quien sabe dónde. Cuando la pequeña vio esa escena tan cómica, ignoró que sus ojos comenzaban a cristalizarse y se empezó a reír. Nina, satisfecha, cogió a su hermana “en caballito”, es decir, la subió a su espalda, y comenzó a caminar sin rumbo por aquel denso bosque en el que se encontraban.
Anduvo durante un rato, observando cada árbol y cada piedra que había por allí mientras Nieves se abrazaba, algo adormecida, a Nina.
La más pequeña de las dos se llama Nieves, una niña pequeña de seis años de edad; su pelo es blanco, pues de ahí venía su nombre, y tiene unos profundos ojos azules cual cielo despejado. Viste un vestido de color celeste pastel elegido por su hermana, al igual que sus zapatitos azules algo oscuros acompañados de unos calcetines largos blancos. Es, sin lugar a dudas, una niña adorable.
Nina es la hermana mayor de la pequeña Nieves, teniendo ya quince años, se ocupa ella sola de su querida hermanita; lleva su pelo negro como la mismísima noche suelto, ya que no le gustaba recogido, en su opinión: le queda horrible. Viste un traje del mismo color que su cabello con toques morados, dándole así, un aspecto de ninja, solo que sin la máscara y la vestimenta sin apretar tanto: parece una auténtica guerrera, o eso piensa Nieves. Al contrario que su hermanita, ella lleva una espada, por si acaso no puede usar su poder, el cual es hacer levitar lo que quiera con la capacidad de su mente.

-         -  ¿Eh?  -Nina se percató de que el bosque desaparecía justo en frente de una ciudad derruida y desolada- …

-         -  Nina… ¿qué pasa? –dijo la pequeña despertándose de su sueño- Nos hemos parado…

-         -  Nada, solo es que… ahí hay una ciudad –dijo mientras señalaba dicho lugar.

-          - ¿Una…ciudad? –las palabras de la chica de cabellos oscuros despertaron en la menor, un sentimiento irrefrenable de ir a investigar aquel sitio; Nieves se bajó rápidamente de la espalada de su querida hermana para después empezar a correr hacia la ciudad abandonada mientras escuchaba los gritos de Nina llamándola.